19 jul. 2013

El cuento de nunca acabar

Vuelvo tras casi un mes desde la última entrada. Cosas de los exámenes, lo dejan a uno agotado y sin ganas de hacer absolutamente nada. Y si al cansancio post-exámenes se le une el calor sevillano, ahí tenemos la mezcla perfecta.

Bueno, a lo que iba. En la anterior entrada me presenté y os conté mi vida hasta hoy día, y ahora voy a seguir con la historia de cómo hemos conseguido trasladarnos a Japón (durante 6 meses) 14 alumnos del Grado en Estudios de Asia Oriental por la Universidad de Sevilla. O, en otras palabras, del suplicio, sufrimiento, valle de lágrimas y todas las exageraciones horribles que se os ocurran sobre lo mal que lo hemos pasado para llegar a ser titulares de esta beca.

Hay que aclarar que, dada la vocación internacional del Grado en Estudios de Asia Oriental, la inmersión lingüística en el extranjero (en nuestro caso, en China o Japón) es un punto a tener en cuenta en nuestra carrera. Uno de los principales reclamos, que se veía en la publicidad que se le dio al Grado durante su instauración, era la oferta de becas para facilitar que sus alumnos pudieran estudiar semestres en estos países asiáticos. No se conocían la cuantía de las becas ni las condiciones o requisitos, pero os podéis imaginar expectación que creaban en nuestra clase, desde el primer curso.

Dado que las becas estaban planteadas para poder realizar esos semestres en el extranjero tanto en el tercer como en el cuarto curso, debía salir la información y realizarse la convocatoria durante nuestro segundo año en el Grado, el cual ha sido este curso 2012/2013. Y así fue.

Centro Internacional, nuestro Centro.
¿A que é presioso, miarma?
En diciembre recibimos la noticia de que se abría el plazo de convocatoria de las recién creadas Becas de Movilidad de la Universidad de Sevilla para Universidades de Asia Oriental. Más concretamente, se ofertaban 12 plazas para estancias de 6 meses en China (3 para Beijing Language and Culture University, 5 para Hong Kong Polytechnic University, y 4 para Shanghai International Studies), 3 plazas para Taiwán (Providence University), y 14 plazas para Japón (4 para Kanda University of International Studies, 4 para Rikkyo University, 4 para Sophia University, y 2 para Tokyo University of Foreign Studies). La cuantía no era ninguna maravilla, ya que daban para gastos de transporte y poco más: 1500 € para China y Taiwán, 2500 € para Japón. Eso sí, la matrícula en las universidades de destino estaba totalmente cubierta.

Los problemas empezaron desde el principio. Cuando algunos alumnos preocupados por este tema preguntamos a algunas autoridades de nuestro Centro sobre los requisitos de idiomas para acceder a las becas, se nos dio a entender que no habría requisito alguno además de pertenecer al Grado y haber aprobado las asignaturas de Chino o Japonés. Esa información resultó ser incorrecta, ya que en el texto de la convocatoria se especificaba que era necesario tener una acreditación mínima de B1 en inglés. El B1 es lo mínimo que se exige en cualquier beca de movilidad al extranjero de la Universidad de Sevilla, por lo que nos habían informado mal. Además, la titularidad de la beca estaba supeditada a la admisión de cada alumno por parte de las universidades de destino.

Había muy pocas personas en nuestra clase que tuvieran ese título de B1, por lo que muchos nos quedábamos fuera (era imposible obtener un certificado de idioma en poco menos de un mes que duraba abierta la convocatoria). Como medida especial por ser el primer año de estas becas, y para dar cabida a que se pudieran llenar las plazas, a los que no poseíamos título de idiomas nos pusieron en una lista de pendientes de acreditación del idioma. Como locos, todos los que aspirábamos a obtener la beca nos lanzamos a buscar la manera más rápida y sencilla de acreditar el idioma. Teníamos otro factor de presión adicional: las plazas sobrantes se adjudicarían en orden de presentación de los certificados de idiomas. Aunque el texto de la convocatoria decía algo distinto, determinando que el orden de adjudicación se realizaría según méritos académicos (nota media de expediente y otros factores de baremación), en la Oficina de Relaciones Internacionales (a partir de ahora RRII) aseguraban que esto se haría así dado que algunas universidades tenían un plazo de presentación de candidatos muy limitado, y había que ir con prisa y evitar que quedaran plazas libres. Era, literalmente, una carrera por la beca, ya que quienes llegaran antes con el B1 en la mano se la quedaban.

Unos cuantos nos conseguimos inscribir con el tiempo justo para hacer el examen PET de Cambridge (pagando un recargo adicional por haber pasado la fecha de inscripción oficial), cuyo certificado equivale al B1. Ésta fue nuestra elección por ser un examen relativamente sencillo. Los compañeros que no llegaron a tiempo para inscribirse, lo hicieron en el TOEFL (examen americano en el que se determina tu nivel según la calificación obtenida). Tras una semana y media de preparación, hicimos el PET en diciembre, y en enero nos llegó un correo informando de que habíamos aprobado. Por supuesto, fuimos corriendo al Registro General, todavía en una nube y sin creérnoslo del todo, a entregar el papel para que nos adjudicaran la plaza. Con los compañeros que hicieron el TOEFL ocurrió igual, consiguiendo todos la nota que les garantizaba el B1, y pronto vimos que todos los que habíamos pedido la beca para las universidades japonesas (y que habíamos hecho el examen) teníamos plaza adjudicada. La alegría fue inmensa, pero duró poco.

Empezamos los exámenes de febrero, y RRII envió nuestros nombres a las universidades designadas. Algunas, como la Sophia University, empezó a mandarnos a sus futuros alumnos información sobre cómo realizar los trámites para la matrícula. Millones de papeles y formularios, certificado de salud, un ensayo, dos cartas de recomendación... y una nota mínima de 79 sobre 120 en TOEFL. Lo comenté con mis compañeros, y fuimos preocupados a hablar con RRII para ver qué ocurría. Allí nos dijeron que no sabían nada de esos requisitos con anterioridad (aunque estaban colgados en la web de Sophia), que les escribirían para preguntar, y que nos informarían. Pasó una semana, y aprovechando que teníamos que ir al Centro para hacer un examen, nos acercamos a RRII para preguntar si había novedades. Nos dijeron que en ese mismo momento iban a enviar el correo. Una semana después de haberles informado nosotros de posibles problemas con la beca. Como ya no confiábamos en que mandaran el correo a tiempo (ya que el tiempo corría, y teníamos que entregar los papeles antes del 31 de marzo), decidí ponerme en contacto directamente con Sophia y contarles nuestra situación. Me respondieron casi de inmediato, diciendo que lo sentían mucho, pero que los requisitos de idiomas no incluían el certificado que teníamos nosotros.

En mitad de los exámenes de febrero, ese correo venía a decirnos que los 136 € que me había gastado en el PET los había tirado a la basura. Fuimos a RRII a pedir explicaciones sobre cómo era posible que los requisitos de su convocatoria de beca no coincidieran con los requisitos de la universidad de destino. Su respuesta fue que, como la Universidad de Sevilla no es muy exigente con los certificados de idiomas de sus alumnos extranjeros, esperaban que en los acuerdos con otras universidades existiera una reciprocidad en este sentido. Qué le importará a una de las universidades privadas japonesas más importantes la reciprocidad con la US en exigencia de nivel del alumnado. Poco después supimos que Rikkyo pedía 61 sobre 120 en TOEFL, y que TUFS pedía 71. Por lo menos, en Kanda no exigían certificados de inglés, así que nuestros compañeros asignados a esa universidad no tuvieron más problemas en este sentido.

Así que ésta era nuestra situación: o renunciábamos a la beca, o bien nos jugábamos el suspender en los exámenes que nos quedaban de febrero, y nos preparábamos el TOEFL que se hacía dos semanas después (ya que de otra forma no daría tiempo a tener el certificado a tiempo para enviarlo a las universidades japonesas). Optamos por la segunda opción, aunque eso significara dejarse cerca de 300 € en total entre ambos exámenes de inglés.


¡Papeleh, papeleh!
Parte de las instrucciones para entregar
la documentación de Sophia. Anda que
no piden ná esta gente.
En mi caso, haría el TOEFL una semana después de haber hecho el último examen de febrero, Japonés 3. Tendría sólo una semana para preparármelo, y adaptarme a un tipo de examen que nada tenía que ver con el que habíamos hecho, el PET. El viernes hice Japonés 3, seguí estudiando inglés casi sin parar, y el martes cogí un resfriado bastante fuerte. Se unieron el estrés por los exámenes, la presión por la beca y los cambios de temperatura, me pegaron un bajón a las defensas y los virus pensaron que era un buen momento para hacerme enfermar. No pude seguir estudiando para el TOEFL, y cuando el viernes fui a hacerlo aún me duraba la fiebre. Espero que jamás tengáis que hacer un examen de inglés de 4 horas con la fiebre subiéndoos.

Salí del TOEFL convencido de que no conseguiría la nota necesaria. Con los ánimos destrozados, encaré el segundo cuatrimestre del curso mentalizándome de que ya otro año sería, que al final no podría ir a Japón. Cuando unas 3 semanas más tarde recibí la nota del TOEFL, no pude creérmelo: ¡había sacado 93 sobre 120! Superaba de sobra la nota que me pedían en Sophia, así que con alegría e ilusión renovadas empecé con todos los trámites para la matrícula.

Aunque muchos de mis compañeros habían conseguido también la nota necesaria en TOEFL para entrar en sus respectivas universidades, dos de ellos no obtuvieron esa calificación por muy poco. Después de llevar 4 meses peleando juntos para conseguir la beca, el hecho de que dos amigos se quedaran fuera no nos hacía ninguna gracia. Además de que sus plazas ya no podrían ser cubiertas por otras personas, esta situación seguramente no se habría dado si RRII se hubiera informado con anterioridad de los requesitos específicos de cada universidad japonesa. Por eso, fuimos a insistirles para que nos dejaran hacer un par de cambios entre nosotros: dos compañeros que habían obtenido buenas calificaciones en el TOEFL, y que estaban asignados en universidades que exigían menos nota, cambiarían su plaza con los otros dos compañeros que, de otra forma, no serían admitidos en sus respectivas universidades. Aunque al principio en RRII se mostraron un poco reticentes a ello, cedieron en esto dada lo excepcional de la situación, de la cual eran responsables.

Después de esto ya todos los problemas que fueron surgiendo fueron menores, exceptuando que una compañera estuvo a punto de no poder ir por otro error de RRII, el cual terminaron subsanando consiguiendo una plaza adicional para ella en la universidad que le habían asignado en un principio. A otra compañera también le tardó bastante en llegar la confirmación oficial de admisión por parte de su universidad de destino, pero afortunadamente todo se solucionó sin más problemas.

La verdad es que he intentado resumir (y me ha quedado más largo de lo que quería/esperaba) todo aquello por lo que mis compañeros y yo pasamos durantes estos últimos meses. Cuando por fin acabó el curso, estaba totalmente agotado por el desgaste de este tira y afloja constante que ha sido la situación de la beca de movilidad. Me dejo muchos detalles, enfados y absurdeces dignas de película de Almodóvar que es mejor no plasmar en ningún medio escrito, y menos en Internet. Pero bueno, necesitaba desahogarme y contar esta historia completa, una vez que ya ha terminado todo. Espero no haberos aburrido demasiado, os juro que no era mi intención. Y a los que vayáis a pedir la Beca de Movilidad de la Universidad de Sevilla para Universidades de Asia Oriental, os deseo que no tengáis que sufrir lo mismo que nosotros. Recemos para que la novatada que hemos pagado la primera promoción no vuelva a repetirse.

Bueno, ya está, ¿no? Todo ha terminado, y en septiembre estaremos los 14 en Japón viviendo pobres felices y comiendo arróconbacalao perdices, ¿verdad? Pues no. Todavía nos quedan incontables trámites, papeleo infinito que parece que no acaba nunca. Pero eso (no os preocupéis, que ya lo dejo), es otra historia.